30.3.10

Nobleza obliga

Una mañana un hombre entro en la alcaldía de San Miguel de Tucumán  Según sus dichos, una esclava, la negra Inés, era bruja.  Ya había matado a su señora, enfermado a su hija y ahora estaba hechizándolo a el. Inmediatamente partió el alcalde hacia la morada del denunciante, acompañado de un juez, el cura y dos gauchos curiosos.  Corría el año de nuestro señor de 1703.
Semidesnuda, arrastraron a Inés hasta el calabozo.
Los gauchos habían hecho correr la voz por toda la ciudad.  La gente se arremolino presurosa en la entrada de la iglesia a escuchar el relato del cura mientras se persignaban.
Inés lloraba entre ratas e insultos de sus vecinos.
Un abogado actuó de oficio en su favor, pero poco pudo hacer ante la confesión que el alcalde y el juez, habían arrancado a la pobre negra a fuerza de torturas y vejámenes. La sentencia estaba dictada, muerte por un garrotazo y arrojar el cadáver a la hoguera.  Se monto un  acto oficial en la plaza central.
Traían a la negra Inés en carreta, mientras el cura recitaba evangelios.  Abatida de insultos y piedrazos populares, yacía de rodillas frente al fuego.  A la voz de ¡ARREPIENTETE!, la negra se incorporo bruscamente y sujeto la cabeza del alcalde por las orejas.  Antes de que alguien pudiera reaccionar, beso la frente del magistrado y dijo: -Que sepan lo que me has hecho-, y lo escupió.  Dos subordinados del ejército la redujeron y llevaron a cabo la sentencia.  Limpiaba sus anteojos el alcalde e insultaba a las fuerzas de la ley por dejar que la negra le saltara así.

Todo era fiesta en la ciudad.  Muchos medios televisivos, incluyendo algunos internacionales, habían asistido a la inauguración de un nuevo museo, cuyo edificio supo ser la antigua casa de gobierno de San Miguel, en su segunda fundación. Dentro, se exhibirían diversas reliquias de época y durante una conferencia, devolverían objetos personales a los descendientes de uno de los antiguos alcaldes.  Familia históricamente respetada de la ciudad.
De acuerdo con un antiquísimo testamento hallado, los herederos recibieron el mango de un bastón, un antiguo reloj con iniciales grabadas y unos anteojos de oro.  El acto se hizo el 27 de enero del 2009.
El hijo mayor fue el único que se intereso por las antigüedades.  Estudiante de abogacía, hombre de razones, examinaba los objetos con detenimiento. El mango de plata labrado mediocremente, el reloj, ordinario y de poco valor histórico,  y las lentes con armazón de oro, que parecían quedarles casi a la perfección.
Sucedió algo extraño. Al momento de colocárselas, vio una mujer negra semidesnuda, joven, con tanta belleza que haría perder la cabeza a más de uno, golpeada y muerta de miedo.  Asustado, se saco las gafas y las examino con detenimiento.  Habiendo pasado el sobresalto, convencido que lo que acaba de ver, era solo un espejismo y no había nada raro en ese par de lentes, se los volvió a colocar.  Otra vez la cara de la mujer.  Veía que estaba en un lugar sucio y oscuro.  Por el angulo de visión, por la expresión de ella, sospechaba que estaba siendo abusada.
Estaba consternado, atestiguaba sucesos de antaño a través de un par de lentes.  Veía una mujer siendo torturada y profanada, sin emitir juicio, como si viera una película.  Trataba de pescar mas detalles mientras las imágenes fluían frente a sus ojos.  ¿Como sera posible?, se preguntaba mientras lo invadía una sensación extraña, entre asombro y repudio.  Hasta que en la imagen, en un charco del lugar oscuro, vio reflejada la cara de quien había usado originalmente esos anteojos... una sensación de frío recorrió su espalda.  En el charco de la visión, reconoció los rasgos familiares de su antepasado.  Inmediatamente se quito los anteojos, los llevo al patio y los aplasto entre dos ladrillos, para que nunca nadie ponga en duda, el honor histórico de su familia.

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