De aquí, de allá, el lobo era y se hacía. Con su fuerza temeraria acosaba a la oveja,
que mansa, distraída del peligro, miraba
hacia el horizonte colmado de pasto. Sin
quitarle la vista del lomo, que imaginaba tierno y cercano, el lobo caminaba entre dos pastizales. La oveja soñaba también con sus manjares, y entre uno y otra los sueños se enredaban sin
saber en realidad quien era el dueño del pasto y quien de la carne fresca.
de WalaTurina
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