Después del frenético viaje en la oscuridad mas desoladora, nuestro navío por fin había llegado. La extraña embarcación, sin velas ni hélices, estaba ahora en las blancas costas de Porcelana.
Decían que la única manera de llegar allí, era atravesando la noche mas negra y sofocante, y así hicieron. Ahora se podían apreciar sus blancas y brillantes colinas, mas allá, lo desconocido.
Porcelana es un lugar a donde todas las naves necesitan llegar. Un lugar prometido, un lugar de descanso. Nada salió jamas de allí.
Nuestro navío observa esas prometedoras costas prístinas, flotando a la deriva en las transparentes aguas.
El mar más calmo y manso del que se haya tenido noticias, subitamente se arremolina. Olas inmensas castigan la nave sin compasión. Nuestro navío lucha desesperadamente por mantenerse a flote. En el hay esperanza de llegar a la costa, después de haber vencido el angustiante trayecto que lo llevó hasta allí, esto era poca cosa.
Un embudo se abre en el agua y la embarcación gira sin control, hasta que... finalmente... zozobra y es arrastrada a las profundidades. La calma vuelve a las aguas.
Ya no queda nada por hacer. Alguien tiró la cadena, de las aguas en Porcelana.
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